17 de octubre de 2008

Imprudencias alimenticias

Supongo que más de un@ habrá vivido en alguna ocasión una situación parecida a las que paso a contarles a continuación. Está bien hablar de todas las cosas ricas que podemos comer por ahí, de los buenos servicios, de la presentación y calidad de los platos, precios, etc. Pero no es oro todo lo que reluce, ya que una no sale siempre contenta de los sitios a donde va a comer. Si hay algo que me repatea es el llegar a un bar o restaurante, sentarme y que me hagan esperar más de 10 minutos para pedir la comida. Si además de eso, atienden a otra mesa antes que la tuya habiendo llegado más tarde que tú, pues no te digo nada. Me parece una falta de educación tremenda y, lo peor de todo, es que te quejas y te contestan que como hay confianza porque sueles ir a menudo.... pues no pasa nada. Increíble. En otra ocasión, me ocurrió algo que ha originado en mí cierto rechazo a los sandwiches mixtos, más que nada por el tema de la mantequilla. Fue aquella vez que vi un ser pequeñito, marrón, con antenas, paseando por encima de la mantequilla del bar donde me encontraba. Si Sanidad pasara por alguno de estos sitios, no dudaría en cerrarlos. La prueba la tendrían con sólo ir a pedir un bocadillo. El camarero te toma nota, cierra la bolsa de la basura y la tira, le cobra la comida a otro cliente y seguidamente, sin lavarse las manos, va dispuesto a prepararte tu bocadillo. En fin, si no lo ves te lo comes, bien dice el dicho: "ojos que no ven, corazón que no siente". Si te ha pasado algo parecido atrévete a contarlo, nos reiremos bastante. Eso sí, procurando no nombrar a ningún negocio en concreto que si no me cierran el blog, jejeje. Saludos a tod@s los enralad@s.

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